Somos de La Plata machazos y bien cojudos y a todos los de Lanús les rompemos bien el culo. Estudiaaaante, estudiaaaaante……
Año1956 o 1957. Salimos de la estación del ferrocarril Roca de La Plata, nadie saca boleto. Cuando pasa el guarda, el grito era ¡el guarda es de estudiante lara lara lara…! (el hombre al que siempre le sacábamos la gorra), emitía una nerviosa sonrisa y pasaba al otro vagón. Donde paraba el tren, a bajar y algo se afanaba: algún kiosco; a un diariero o una bandera de remate, pero algo, siempre algo, se traían o tal vez , sólo le tocabas el culo a una vieja , y a correr que el tren arranca, colgados de los pasamanos; subidos al techo o con medio cuerpo por la ventanilla, a gozar de la bronca amenazadora que nos transmitían los que quedaban humillados en el anden.
Llegamos a la estación de Lanús (después de algunos cambios de vías) no quedaba bar en pie, mesas al medio de la calle, vidrios que sonaban, ventanas y puertas que cerraban, tocada de culo a la piba que encontrábamos y llegamos a la cancha, un embudo de policías nos iban apaciguando, estaban ordenados mostrándonos la entrada y la salida del embudo, ya en el medio, se cerró la salida, me doy vuelta para corre hacia la entrada y también estaba cerrada, cagamos, relucieron las gomas de los canas y una puerta de micro Mercedes se abrió, ¡subiendo carajo!, ¡subiendo! se llenó el Mercedes y rumbo a la comisaría .
Alguien dijo es la de Menesse, y un poquito de frió corrió por el cuerpo.
Era un comisario bravo, de aquellos que antes de mandar, iban primero ellos.
Entramos a bajar, nos ordenaron en fila de dos en el patio, al rato pasan tres canas con las manos llenas de piedras; gomeras; cadenas; banderas. ¿De quién son estas cosas que estaban bajo los asientos?... Silencio de muerte.
Estudiantes empató y con eso nos salvamos del descenso, pitada final, que escuchamos por la radio lejana de algún vecino y nos largaron.
Cuando éramos locales, a la salida de la cancha, entrábamos a mirar a quienes nos parecían extraños, para inmediatamente rodearlo con la pregunta de rigor, ¿que calle es esta?, a la primera duda o equivocación, piñas y patadas, hasta que sangrara.
Si el pincha ganaba, a recorrer calle 1 desde 57 hasta 44, luego por diagonal 80 hasta 7 y 50. Siempre le recordábamos a los comerciantes y vecinos que estábamos pasando, dejando algunos de nuestros souvenir (vidrios rotos; vidrieras robadas; culos inflados; o algún beso ultrajado). Y así seguíamos al pincha por donde fuera, era nuestra gran excusa .
Año1956 o 1957. Salimos de la estación del ferrocarril Roca de La Plata, nadie saca boleto. Cuando pasa el guarda, el grito era ¡el guarda es de estudiante lara lara lara…! (el hombre al que siempre le sacábamos la gorra), emitía una nerviosa sonrisa y pasaba al otro vagón. Donde paraba el tren, a bajar y algo se afanaba: algún kiosco; a un diariero o una bandera de remate, pero algo, siempre algo, se traían o tal vez , sólo le tocabas el culo a una vieja , y a correr que el tren arranca, colgados de los pasamanos; subidos al techo o con medio cuerpo por la ventanilla, a gozar de la bronca amenazadora que nos transmitían los que quedaban humillados en el anden.
Llegamos a la estación de Lanús (después de algunos cambios de vías) no quedaba bar en pie, mesas al medio de la calle, vidrios que sonaban, ventanas y puertas que cerraban, tocada de culo a la piba que encontrábamos y llegamos a la cancha, un embudo de policías nos iban apaciguando, estaban ordenados mostrándonos la entrada y la salida del embudo, ya en el medio, se cerró la salida, me doy vuelta para corre hacia la entrada y también estaba cerrada, cagamos, relucieron las gomas de los canas y una puerta de micro Mercedes se abrió, ¡subiendo carajo!, ¡subiendo! se llenó el Mercedes y rumbo a la comisaría .
Alguien dijo es la de Menesse, y un poquito de frió corrió por el cuerpo.
Era un comisario bravo, de aquellos que antes de mandar, iban primero ellos.
Entramos a bajar, nos ordenaron en fila de dos en el patio, al rato pasan tres canas con las manos llenas de piedras; gomeras; cadenas; banderas. ¿De quién son estas cosas que estaban bajo los asientos?... Silencio de muerte.
Estudiantes empató y con eso nos salvamos del descenso, pitada final, que escuchamos por la radio lejana de algún vecino y nos largaron.
Cuando éramos locales, a la salida de la cancha, entrábamos a mirar a quienes nos parecían extraños, para inmediatamente rodearlo con la pregunta de rigor, ¿que calle es esta?, a la primera duda o equivocación, piñas y patadas, hasta que sangrara.
Si el pincha ganaba, a recorrer calle 1 desde 57 hasta 44, luego por diagonal 80 hasta 7 y 50. Siempre le recordábamos a los comerciantes y vecinos que estábamos pasando, dejando algunos de nuestros souvenir (vidrios rotos; vidrieras robadas; culos inflados; o algún beso ultrajado). Y así seguíamos al pincha por donde fuera, era nuestra gran excusa .
